A ras de cielo.-


En la ciudad donde habito existe un lugar anclado en el tiempo. Paseando por sus calles puede el visitante imaginar historias de reconquista, de convivencia entre culturas y de esplendor tras los descubrimientos de un nuevo mundo.

Si el paseante levanta la vista comienza a descubrir algunos de sus secretos. Escudos en las fachadas, cada uno con su historia. Ventanas y balcones bellamente trabajados. Campanarios y torres palaciegas, altas torres que un día, allá por 1.477 y por orden de Isabel la Católica, se vieron desprovistas de sus almenas con el propósito de resolver las disputas que se venían produciendo entre familias de la ciudad. Sólo al Capitán Diego Ovando de Cáceres, como premio a su fidelidad, se le concede construir su casa y erigir su torre, hoy se la conoce como Palacio de las Cigüeñas.

Mirando hacia lo alto también podrá el visitante observar pájaros, tantos y tan variados que la ciudad monumental ha sido declarada Zona de Especial Protección para las Aves, recurso que se muestra al público en el Festival de las Aves que se celebra todos los años en la segunda mitad del mes de mayo. Y, por supuesto, su limpio cielo, un cielo que cautiva por su intenso azul sobre el que se recortan nubes, a veces blancas como algodón y otras, más bellas si cabe, grises y amenazantes.

Vista la ciudad a ras de suelo, llega el momento de subir a sus torres para verla en todo su esplendor a ras de cielo.


Desde las torres hermanas de la iglesia de San Francisco Javier, dos campanarios blancos, nos asomamos a la Plaza de San Jorge, más allá Santa María y a nuestra espalda el Palacio de las Cigüeñas, San Mateo y la Torre de Sande cubierta de hiedra.


La Torre de Bujaco, en pie desde el Siglo XII, recibe al turista que se adentra en la Parte Antigua a través del Arco de la Estrella y nos brinda una magnífica vista sobre la Plaza Mayor, con sus soportales y el Ayuntamiento.

Otra torre, algo escondida tras la Concatedral, es la Torre de la Higuera en el Palacio de Carvajal. Este Palacio cuenta con una historia muy interesante y un patio de película, como toda la ciudad, que se convierte en plató de cine a la menor ocasión.

Y la torre que, a mi modo de ver, muestra una panorámica más equilibrada de la Parte Antigua, el campanario de la Concatedral de Santa María, con vistas sobre la plaza del mismo nombre.


Existen en Cáceres otras torres, unas visitables, como el Baluarte de los Pozos en el Barrio Judío, desde la que se divisa la Rivera del Marco; la Torre de los Púlpitos a la que se accede desde la Torre de Bujaco caminando sobre el Arco de la Estrella; y otras a las que no está permitido el acceso, como la Torre de la Yerba, en la Plaza Mayor junto al Ayuntamiento, o la Torre de Sande y su vecino campanario de San Mateo, que se recortan en el luminoso amanecer cacereño visto desde algún edificio elevado de la parte más moderna de la ciudad.


Todas estas torres nos permiten observar los cielos de Cáceres y, desde ellas, a ras de cielo, una perspectiva diferente de su Conjunto Histórico. Bienvenidos.


Esta entrada forma parte del libro “Cielos de Extremadura”, publicado con motivo del VII Encuentro de Blogueros de Extremadura, que organiza la Fundación Xavier de Salas, y que se celebró en Trujillo el 25 de noviembre de 2.017 con el patrocinio de la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura.

Más información en este blog.

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Tejiendo sueños.

Historias de contrabando.

Entre las casas de uno y otro lado de la calle había unos cuantos puentes elevados. Por ellos cruzaban varias veces a diario los contrabandistas de noticias. Sólo ellos conocían los mejores horarios y habían desarrollado la capacidad necesaria para no ser detectados.
Las autoridades no supieron nunca que dentro del pan viajaban cartas de hijos hacia sus padres, de enamorados cautivos al otro lado del puente, de disidentes que intentaban derrocar el gobierno establecido en la acera de los número pares.

El marciano.

¿Puedes ver su cara?… Sí, ¿la de ese ser bajito que aparece en la parte izquierda?… Correcto. Se trata del retrato de un marciano. Ya sé que no aparece de color verde y te explico por qué. Al ser unos seres bastante hiperactivos les supone un gran esfuerzo quedarse quietos. Deben contener la respiración y tensar todos los músculos de su cuerpo, lo que hace que se pongan de esta tonalidad rojiza; aunque puedo asegurarte que tras la foto volvió a su color natural.

¡Ah, bueno! Lo que te ha llamado la atención es ese artefacto que aparece junto a él. Pues es, nada menos, que un sistema avanzado de movilidad aerodeslizante. Su medio de locomoción. Lo utilizan en sus viajes por la superficie del planeta que visitan. Seguro que a ti también te recuerda mucho en su diseño a nuestras bicicletas. Como puedes observar, aparece firmemente anclado a una estructura fija, lo que impide su desplazamiento accidental.

Después de posar para la foto, mi nuevo amigo sacó su cámara de fotos y, como buen turista, se encaminó hacia la zona más visitada de la ciudad con la tranquilidad de que, a su vuelta, el sistema avanzado de movilidad aerodeslizante seguiría allí.

Fotografía de J.C. Santa

Preludio primaveral.

La primavera anunció su llegada. Le puso fecha y hora. Diversos medios de comunicación se encargaron de difundir la noticia. Incluso algunos árboles dieron orden a sus ramas para cubrir su desnudez con vistosos colores.

Nadie tuvo en cuenta al tozudo invierno, que sigue instalado cómodamente en nuestros armarios.