El almendro

El almendro

El almendro

Me siento extraño en esta mañana de horas adelantadas en los relojes. Un dedo invisible empujó de madrugada las manecillas de los minuteros. Menos mal que no existe otro que nos adelante los días. ¿O tal vez sí?

Amanece este último domingo de marzo con niebla, un velo que perla de gotas los hilos de las telas de araña. La brisa de la mañana agita las improvisadas gargantillas de perlas con las que las tejedoras adornaron las alambradas para este día de fiesta.

Los perros, desde las huertas, protestan a mi paso. Tal vez porque descubrí el secreto. Los gallos me llaman desde las casas cercanas a la falda de la montaña y por fin el árbol de tu foto me revela su nombre. Contemplo sus frutos ahora verdes, incipientes. Tantos días preguntándome, intentando retener el color de sus pétalos para averiguarlo por fin.

Ahora me tocará esperar un año para volver a recrearme, para no volver a dudar, para que vuelvan los pétalos rosas de este almendro a adornar sus hojitas verdes.

Francisco Montero

 

Gracias Paco, por atender a mi petición de colaborar con tu escritura para esta entrada. Espero contar contigo para el futuro.

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