Donde nace el arcoíris.

El camino empinado y directo apunta a la cima con valentía. Acompañado de encinas y alcornoques el olor a jaras nos envuelve. Las nubes cubriendo el cielo y el aire fresco de la mañana anima nuestro caminar. Tras un tramo bordeado de alambrada, el camino se abre a un cruce y, frente a nosotros, una angosta y repinada escalera construida sobre el terreno nos lleva hasta la planicie donde se construyó una pequeña ermita. Llegamos hasta ella justo antes de que comenzara la llovizna. Y fue allí, rodeado de jaras, silencio y llovizna, donde descubrí, al abrirse un claro entre las nubes, el lugar donde nace el arcoíris.